lunes, 2 de mayo de 2011

¿De qué manera la utilización de un paradigma sociocultural ayuda al diseño de actividades pedagógicas mediadas por tecnología digital, así como la evaluación de dichas actividades y de las políticas institucionales y educativas que las sustentan?

El estudio de un paradigma sociocultural obliga a que la labor docente sea reconsiderada para el diseño de actividades de carácter colaborativo y obliga a la reflexión sobre el diseño de actividades significativas que le permitan a los estudiantes la construcción del conocimiento y de significados nuevos en contextos sociales. A este paradigma tenemos que sumarle el papel que representan las nuevas tecnologías y su integración a los procesos de enseñanza-aprendizaje mediados por ellas y su consideración para ser tomadas en cuenta en el diseño de las estrategias instruccionales.

El uso de un paradigma sociocultural tiene un gran valor en el diseño de nuevos modelos educativos que se centren más en el estudiante y no en el profesor o la institución. Debemos diseñar ambientes de aprendizaje donde los estudiantes puedan adquirir las habilidades que les demanda la sociedad del conocimiento para hacer frente a trabajos que aún no existen, a problemas que todavía no conocemos y a tecnologías que aún no han sido diseñadas. Según Romero y Heredia (1993) se les exige a los estudiantes ser más independientes en su pensamiento, que identifiquen y resuelvan problemas y que analicen la información. Y solo a través de la autorregulación y el trabajo en equipo, el profesional del futuro podrá hacer frente a estas demandas, por lo que el diseño instruccional y las estrategias pedagógicas deben seguir este norte sociocultural.


En este proceso, las tecnologías cumplen un papel más importante al permitir que las actividades pedagógicas sean mediadas por ella, logrando que el estudiante desarrolle un papel más activo en su aprendizaje y exista una mayor colaboración entre los actores del proceso.

El paradigma sociocultural considera que el diseño de los nuevos escenarios de aprendizaje se dé a través de la conformación de comunidades de práctica y redes de aprendizaje en colaboración, tal como expone Fernández (2010), y que contribuyan a la creación, acumulación y difusión del conocimiento (Wenger, 1998). En estas prácticas el uso del lenguaje y otros instrumentos culturales permiten la construcción del conocimiento, mediados por los contextos socioculturales formales e informales y por las nuevas tecnologías de información y comunicación que emergen basadas en este mismo paradigma.


Estos escenarios de los que hablo deben acercarse cada vez más a la noción de que el niño debe ser consciente de sus propios procesos de pensamiento y ser más metacognitivo (Bruner, 1996) Debemos preparar a los niños para la adquisición de instrumentos semióticos de autorregulación, autoplanificación, autocontrol, autocomprobación y autoevaluación (Daniels, 2003) Este proceso se puede lograr mejor en cuanto se desarrollen modelos educativos socioculturales en los que la regulación del estudiante se de a través de instrumentos culturales como el lenguaje y la interacción con adultos para la generación de conocimiento científico.

Un modelo sociocultural debe centrarse en la producción de conocimiento, por lo tanto debe comprenderse este concepto para que el docente sea capaz de diseñar las mejores prácticas pedagógicas. Si entendemos conocer como "La actividad intencional de individuos que, como miembros de una comunidad, emplean y producen representaciones en el esfuerzo colectivo de comprender mejor su mundo compartido y transformarlo" (Wells, 1999, pág. 76), entonces deben promocionarse un tipo de comunicación, que como cita Daniels (2003) prepare mejor a los estudiantes para la vida, en una sociedad de conocimiento que fomente la flexibilidad, la creatividad, la solución de problemas, la alfabetización tecnológica, la búsqueda de información y el aprender para la vida, pero además yo añadiría la capacidad de tener un pensamiento más crítico, de razonar y tomar mejores decisiones y de trabajar en ambientes colaborativos con el objetivo de alcanzar metas que le permitan encontrar la motivación para darle valor a sus actividades cotidianas.

Nuestro papel como docente nos exige que hoy busquemos las estrategias que le den un valor significativo al aprendizaje a través del desarrollo de actividades situadas, en las que el pensamiento crítico y la co-construcción de significados se de a través de mecanismos de mediación en colaboración. El docente debe asumir un nuevo rol en el salón de clases y convertirse en el guía y facilitador de nuevas experiencias, a través del andamiaje y la utilización de recursos tecnológicos, siguiendo de cerca el paradigma sociocultural de Vigotsky, que expone el desarrollo humano entendido como un proceso interactivo entre las personas y su medio físico y social que implica la transformación de ambos polos (Lacasa, 2002).

Nos dirigimos hacia nuevos escenarios tecnológicos en los que las actividades estarán mediadas por las TICS (Alanís, 2007) en los que la interacción posibilita el diseño de nuevas actividades cotidianas y el establecimiento de empresas conjuntas (Wenger, 2001), por tal motivo tenemos la responsabilidad como docentes de diseñar actividades que le den significado a este concepto. Los procesos de enseñanza-aprendizaje deben retomar esta filosofía y diseñar actividades donde la interacción promueva procesos cognitivos y le permita a los estudiantes vivir experiencias que no solo les ayude a la creación de significados, sino a crecer como personas íntegras, donde los valores y la ética rijan sus actividades diarias y aprendan a dar un uso racional y crítico a las tecnologías y el acceso que ellas dan a la información y que según las estructuras de actividad humana presentadas por Daniels (2003) median y justifican la construcción del conocimiento.


Deben entonces las instituciones promover la introducción de estos modelos educativos y sustentarlos, pero no solo a través del aporte económico ni el soporte necesario para su implementación, sino a través de un diseño pedagógico, enfocado en el trabajo colaborativo y la evaluación de los resultados que le permitan garantizar la calidad del aprendizaje.

Las políticas institucionales y educativas deben soportar este diseño, desde su puesta en marcha a través de la capacitación del docente, como la evaluación de los resultados a través de técnicas de observación, recolección de datos, almacenamiento de la información y cualquier otro recurso del que puedan hacer uso para constatar la eficacia de un modelo educativo basado en la socioculturalidad de la acciones y mediado por las TICS.

Para concluir, todos los actores del proceso de enseñanza-aprendizaje deben tomar un papel más activo en el diseño de actividades pedagógicas que permitan la creación de nuevos escenarios educativos, que contemplen la importancia del paradigma sociocultural con todas sus implicaciones, y que por lo tanto, permita el desarrollo de los estudiantes en busca de generar en ellos las habilidades y destrezas que demanda la sociedad del conocimiento, y que sean las nuevas tecnologías parte de los vehículos que lleven al alcance de este objetivo. Queda en manifiesto la importancia de los ambientes y contextos socioculturales como impulsadores de la creación de nuevos significados y el uso de instrumentos como el lenguaje para posibilitar la interacción que lleve al diseño de actividades situadas que le den un mayor valor significativo al aprendizaje.

Deben las instituciones velar por la implementación y evaluación de estos contextos y brindar el soporte necesario para su adopción, de manera que el docente pueda cumplir eficientemente con los nuevos roles que se le demanda, y que se convierta en el facilitador y guía que lleve a los estudiantes hacia la cración de nuevos significados y la producción del conocimiento. Es decir, lo importante no es que los niños busquen respuestas, lo importante es que planteen nuevas preguntas.

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